Megan O’Neill II
La primera bocanada de aire fue como si me cortaran los pulmones con un hielo.
Por otra parte, incluso ser apuñalada por un carámbano representaba una mejora considerable en comparación con el Abismo. La sensación de sangre en mis venas fue vivificante, impactante, estremecedora. ¿Quién hubiera sospechado que se sentía esto? Sí, porque el cuerpo, mi cuerpo, era carne y barro y polvo. Estaba dentro de una de esas brillantes gotas de unicidad. Dentro de un mortal.
Al abrir los ojos, la sensación eufórica de libertad desapareció para ser sustituida por una emoción nueva: el pánico. Su fiereza me sorprendió, casi hizo que disfrutara de esa nueva capacidad para sentir con una intensidad tan… tan… sí, tan intensa.
Estaba en una habitación semidesnuda, vestida con unos pantalones militares y una camisa vieja. Sobre una cama vieja, antigua, de barrotes de metal cobrizo y un colchón de lana. Un armario vacío, con las puertas desencajadas por el calor. Una mesilla coja con una lámpara medio rota; abrí el cajón para encontrarme las chapas metálicas de una tal Megan O’Neill. Más tarde supe que era mi nombre, pero por el momento no significaron nada para mí. Lo que más me asustó, sin embargo, no fue que la puerta estuviera cerrada. No fue la amnesia, el encontrarme sola en un lugar desconocido. No. Lo realmente terrorífico fue ver la pared carbonizada, como si un infierno se hubiera desatado consumiendo el papel y cubriendo el muro de hollín. Completamente negra, a excepción de una figura vagamente humanoide, un molde blanco, un negativo, una sombra inversa de alguien que se había interpuesto entre la fuente de calor y la pared. Alguien había muerto carbonizado allí. Y la infernal ola de llamas sólo parecía tener un origen posible: la cama. La cama que ocupaba yo.
本文地址 : http://wp01.miomia.net/wp01/2008/3969.html
如果你对本文感兴趣,欢迎订阅我的博客
Leave a Reply
You must be logged in to post a comment.