Japón: Más souvenirs
Ésta es la próxima tanda de souvenirs para
mi inminente visita a España.
La mayoría me han costado 100 yenes (60 céntimos de euro), pero me van a
hacer quedar como un señor.
Estuche
para plátano.
Esta cosa bien podría servir de símbolo del consumismo brutal en el mundo, y
especialmente en Japón. No lo he comprado con la intención de guardar
ninguna banana dentro, sino con el ánimo de venderlo a algún museo como
objeto de culto. Fíjese en el Made in Japan bien grande y los grabados en
Japonés, ambos detalles valoradísimos por cualquier otaku que se precie.
Cañón
de aire.
Versión doraemonizada y en miniatura, de este increíble juguete.
Tamasudare.
Compré esta mierda atraido por el nombre en Inglés (Tricky Bamboo Blind). Se
trata de un juguete tradicional de lo más absurdo. Me resultó tan absurdo
que tuve que buscarlo en internet para asegurarme de que no lo estaba
infravalorando. En 5 minutos de reloj logré alcanzar el climax de las
posibilidades de esta maravilla lúdica, sólo accesibles a mi y a los
maestros que encontré en Youtube.
Ensalada
para plantar, criar, y comer.
Viene con 3 bandejas, 3 tipos de semillas, y tierra. Y crece en 10 días. Pero si a los 10 días hueles la tierra de la macetilla, se te quitan las ganas de comer, y de vivir.
Linternilla
plegable para poner una vela dentro, como las que llevaba la policía
japonesa hace un huevo.
Se puede llevar en la mano, dejar sobre una mesa, o colgar en la pared.
Lo mejor, es que sólo me ha costado 100 yenes. Lo peor es que tarde o
temprano causará un incendio. El detalle ideal para quedar bien con aquellas
personas que no te importa que fallezcan.
Mueve
una pelota, entrenamiento cerebral.
Es el enigmático nombre en Inglés de este interesante juguete. En efecto,
hace falta tener bastante entrenado el cerebro para ser capaz de hacer lo
que dice el nombre del juego, pero lo cierto es que vas a acabar hasta las
pelotas y lo vas a acabar tirando a la basura. Yo llegué a sea conclusión
sin ni siquiera desembalarlo. Y he comprado 3.
Mamedeppo.
Juguete tradicional de bambú. La primera vez que lo probé, el percutor salió
disparado y bien me podría haber sacado un ojo. La segunda vez,
se rompió. Pero es tradicional, y eso mola.
El
juego de la media.
El último que quede con la media puesta en la cabeza, gana. El juego no
tiene nada de tradicional, pero la idea me pareció de lo más graciosa; para
el que lo vé, claro.
Taketonbo.
Juguete tradicional de bambú. Vuela que da gusto. No lo pruebes dentro
de casa, pues cuando empieza a rebotar por las paredes no para. Yo estuve a
punto de cargarme una televisión de plasma de un montón de yenes.
Imán
para la nevera con forma de escarabajo hiper realista del tamaño del puño de
un jugador de baloncesto.
Lo cogí sin darme cuenta de que valía 200 yenes en vez de 100. Pero
bueno, a lo hecho pecho.
Kendama.
Se me ocurren varios millones de mejores maneras de desperdiciar mi
tiempo antes que aprender a manejar este lamentable juguete. Pero hay gente
para todo.
Red
plegable para proteger la ensalada de algas cuando vas de picnic al monte
Fuji.
Una idea inteligente en un país lleno de bichos, como Japón.
Las
Torres de Hanoi.
Como cualquier español medio sabe, Hanoi es un país que, como Japón,
forma parte de China, que es una isla muy grande que está muy lejos. Si
usted sabe leer, léase esto, que es bastante interesante.
Cartas
adhesivas super privadas.
Como en las que te mandan la clave de la tarjeta de crédito, que en
Japón son una hoja adhesiva doblada que cuando la despegas no la puedes
volver a pegar.
Banderola
de takoyaki.
Como la que muestran los establecimientos que ofrecen takoyaki, que son
unas deliciosas albóndigas de pulpo, muy populares en Japón.
Tazas
de animales antropomorfos diciendo cosas optimistas en Japonés.
Lo cual, en Japón, es el colmo de lo típico.
Set
para visitar tumbas.
Lo que más me sorprende no es la curiosa costumbre del ser humano de
hablar con los muertos, sino que hayan hecho un kit empaquetable con
incienso, velas y cerillas, y que además usen el Engrish para transformarlo
en un producto con clase.
Bolígrafo
mágico.
Escribe cosas con una tinta invisible a base de extracto de caspa, que
sólo aparece al iluminarla con una luz ultravioleta como las que hay en
los pubs de los pueblos, que viene incorporada en el tape.
Fruta
de coña.
Al igual que el malo de Terminator 2, este tomate temprano tiene una
textura increíble a medio camino entre lo sólido y lo líquido.
Bastón
de trekking plegable.
No tiene nada de particular, exceptuando que es de una calidad
excepcional y cuesta 1000 yenes (6 euros).
Fuurin.
Esta campanilla de cristal se cuelga en la ventana y el vientecillo
provoca un tintineo que, en verano, según dicen, le hace sentirse a uno más
fresquito sólo con oirlo. Es como la cerveza en jarra helada de las abuelas.
Regla
flexible.
Para trazar y MEDIR curvas. Ojo, que el invento tiene más miga de lo que
parece, ya que aunque cambies la forma de la regla, no deformas el tamaño de
la escala. Realmente original.
Syuugibukuro.
Sobre tradicional para dar pasta como regalo en celebraciones varias.
Anda, que no vas a quedar bien ni nada con esto, en la próxima boda gay a la
que te inviten.
Origami
de animales.
El origami me aburre bastante, pero es un fantástico souvenir por 100
yenes de nada.
Bolicas
sorprendentes.
Originalmente tienen 1 mm. de diámetro, y tras sumergirlas en agua
aumentan 10 veces su tamaño. Entonces, pueden sustituirse por la tierra de
una maceta, que no hará falta regar durante varios meses. Esto también lo he
visto en España, pero curiosamente su precio también era 10 veces superior
al de Japón.
Pinzas
para quitar las espinas al pescado.
Y/o para esos pelos gordos y retorcidos que te salen de vez en
cuando en sitios indeseados.
Pinchos
de bambú para hacer brochetas de lo que sea.
La parte gorda, aparte de para cogerlos mejor, es para escribir el
contenido del pincho. Dada la habitual ambigüedad del aspecto de la comida
japonesa, esta última función resulta realmente útil.
Ocarina.
Instrumento originario de China, muy popular en Japón. En Wikipedia dice
que el timbre varía de acuerdo al tamaño del instrumento, pero yo no lo he
notado. No sé muy bien a qué se refiere.
Pelador
de ajos.
En mi vida había visto un pelador de ajos en España. Tras comprar éste,
busco “pelador de ajos” en el Google, y me salen 2920 entradas en Español.
En fin, se lo daré a alguien que no tenga internet.
Pinta
uñas para zorras vagas.
Lo que compré el año pasado eran pegatinas, pero esto es una calcomanía
que se pega sobre las uñas, evitando a las raposas el sobre esfuerzo
intelectual de pintarrajeárselas.
Mimikaki
con luz.
En España los domingos la gente va de pesca, y en Japón se dedican a
limpiarse las orejas entre familiares. Pero para llevar la contraria, no
usan palitos de algodón sino espátulas de bambú. Ésta es una versión moderna
con luz en la punta, para que la octogenaria de la foto no deje a su nieto
postrado el resto de su vida en una silla de ruedas, tras urgar a ciegas en su
oído interno.
Cubitera
para whisky on the rocks.
Saca unos cubitos que imitan a una bola tallada a mano del tamaño de una
pelota de tenis, para hacerte un whisky on the rocks como los que te sirven
en los bares para solteros.
Hucha
miniatura de saisenbako.
El saisenbako es el cepillo de los templos budistas. La gente llega,
echa una moneda, reza, y se va.
Cartelillo
de libre u ocupado para el baño.
Sin duda es el souvenir más macarra de todos los que he comprado. Pero
es precisamente eso lo que lo hace interesante.
Tronco
de árbol con mensaje místico.
Al menos eso pensaba yo cuando lo compré, pero luego resultó ser un
cartel que dice “hoy cerrado por descanso”.
Chocolate
salado.
No está mal, pero tampoco está bien, la verdad.
Billetes
de Zimbawe.
Un amigo japonés que fué a Zimbawe me trajo varios de éstos, y yo voy a
repartirlos en España porque siempre queda bien ir por ahí regalando
billetes de 10 millones de dólares. Lo malo es que:
- Mis billetes ya están caducados.
- Acaban de sacar otro de 100 billones de dólares.
- Con uno de estos no se puede comprar ni una rebanada de pan bimbo.
Macarrones de Hello Kitty.
Siempre he pensado que habría que hervir a este gato de los cojones, que estoy más que harto ya de él.
Imitador de cigarras.
Al girar esta cosa de bambú, hace el mismo ruido que una cigarra. A mi no me lo parece, pero los japoneses dicen que sí, y ellos saben de bichos mucho más que yo.
Esponja de melamina.
Éste es un producto milagroso que realmente funciona, y no me explico por qué nunca lo he visto en España. Esta esponja, que viene en una pieza larga para que la cortes como te apetezca, limpia sólo con agua con pasmosa facilidad, y no raya las superficies. La primera vez que la probé me dejó sin palabras.
También me deja sin palabras el hecho de que en Japón todas las cosas tengan ojos. Aunque la expresión facial de esta esponja me transmite una impresión de eficiencia y seriedad que seguramente no me transmitiría una esponja sin ojos. No sé, el maldito marketing siempre ha sido un misterio para mí.
Cerveza,
media pezuña de vaca y piruleta de Hello Kitty, para perros.
Todo tiene sentido. La cerveza es para poder pasar la pezuña de vaca, y la piruleta es para
quitarse el sabor de todo lo anterior.
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